Qué es la tarima flotante
Si quieres renovar el suelo de tu casa, la opción más económica es la tarima flotante. Actualmente este tipo de material está ocupando un lugar privilegiado debido a sus beneficios. Además de ser fácil de instalar, el gasto para colocarla es mínimo, teniendo a cambio un resultado espectacular. Aunque suene extraño, no necesitas nada de experiencia en carpintería para ponerla, así que ya no tienes excusa.
Entre sus ventajas está que no necesita clavarse ni atornillarse al suelo. Con colocarla sobre una superficie lisa, se ajustará perfectamente, aunque si quieres asegurarte, puedes darle unos toques de pegamento. Además puedes elegirla en muchos colores, espesores y tamaños. Los pisos flotantes pueden estar elaborados con melamina, un material muy barato que tiene la misma durabilidad y resistencia que la madera.
Hay dos tipos de tarima flotante: madera y laminada. La primera, como su propio nombre indica, está formada por tablas macizas de madera noble de entre 3,2 y 3,5 centímetros. Existe mucha variedad de este material: roble, fresno, nogal, cerezo, arce, abedul, etc. La laminada, en cambio, consiste en material sintético que queda adherido a un soporte sólido, normalmente, conglomerado de madera.
Cuál elegir
Para elegir una tarima u otra debemos pensar en el tránsito que tiene la estancia durante el día. Si es una habitación o lugar por donde hay mucho tráfico de gente, lo mejor es colocar una tarima de color oscuro. Será más fácil de limpiar y no se notará tanto la suciedad. Además es mejor que lo elijas mate, ya que si tiene brillo lo perderá rápidamente por las pisadas.
En cuanto a su cuidado no es nada complicado, ya que para limpiarla solo tienes que pasarle una gamuza seca cada semana. No tienes ni que encerar ni que fregarlo, así que es uno de los suelos más fáciles y limpios. Además es una superficie fresca que no absorbe humedades, con lo que tu casa tendrá un ambiente agradable, ¡y solo por cambiar un simple suelo!








